Cuidados del gato senior: qué cambia a partir de los 11
Hacia los 11 años, cuidar bien a tu gato pasa de reactivo a preventivo: en vez de esperar a los síntomas, empiezas a hacer cribados de las enfermedades que acortan en silencio la vida de los gatos. Los veterinarios consideran maduro a un gato entre los 7 y los 10 años, senior entre los 11 y los 14, y geriátrico a partir de los 15. El cambio más útil de todos es llevarlo al veterinario dos veces al año, porque las enfermedades que más importan a esta edad tienen tratamiento cuando se pillan pronto y son casi invisibles cuando no.
Del cuidado reactivo al preventivo
Hacia los 11 años el objetivo del cuidado cambia: ya no se trata de resolver problemas, sino de buscarlos a tiempo. Un gato de 11 años no está enfermo por definición, pero a partir de aquí el riesgo de las grandes enfermedades ligadas a la edad sube de forma constante, y los gatos están hechos para esconder la enfermedad. En la naturaleza, un animal enfermo que parece débil se convierte en presa, así que un gato puede tener una enfermedad renal muy avanzada y seguir comiendo, ronroneando y pareciendo del todo normal.
Ese instinto es justo el motivo por el que el viejo enfoque deja de funcionar. Esperar a que un gato "parezca enfermo" significa esperar a que una enfermedad tratable ya haya hecho daño. El trabajo ahora es vigilar los pequeños detalles en casa y dejar que el veterinario mire bajo el capó con cierta regularidad, antes de que nada asome en la superficie. Es la misma idea que contamos con los perros mayores, pero los gatos esconden mejor su declive, así que el cribado importa todavía más.
Dos revisiones al año con analítica y tensión

El cambio más importante a partir de los 11 es ir al veterinario cada seis meses para una analítica de sangre, un análisis de orina y una medición de la tensión. Tres enfermedades dominan la vejez, y las tres tienen tratamiento: la enfermedad renal crónica, que afecta a alrededor del 30 % de los gatos mayores de 15 años; el hipertiroidismo, presente en cerca del 10 % de los gatos mayores de 10; y la diabetes. Detectada pronto, cada una puede regalar años de buena vida. Detectada tarde, los cuesta.
Analizar dos veces al año da una tendencia, no una simple foto fija. Un valor renal que todavía está dentro de lo normal pero que sube año tras año le dice más al veterinario que cualquier resultado aislado. La tensión alta merece ese minuto de más con el manguito, porque no da ninguna señal hasta que daña los riñones o los ojos, a veces provocando ceguera repentina. Hay un detalle que conviene saber: una tiroides hiperactiva puede enmascarar una enfermedad renal sobre el papel, así que los veterinarios suelen volver a comprobar los valores renales unas semanas después de empezar el tratamiento para la tiroides.
La pérdida de peso como señal de alarma
Que un gato mayor adelgace es una señal de alarma que merece una visita al veterinario, no algo que despachar como envejecimiento normal. De joven la preocupación va en sentido contrario, hacia el gato gordo y los problemas de articulaciones y diabetes que lo acompañan. A partir de los 11 la dirección se invierte, y a un gato que se va quedando en los huesos en silencio hay que tratarlo como una señal médica hasta que se demuestre lo contrario. Los sospechosos habituales son las mismas enfermedades tratables: hipertiroidismo, enfermedad renal, diabetes, dolor dental y, con menos frecuencia, cáncer.
El control en casa cubre el hueco entre visitas. Una báscula de cocina o de bebé barata, usada una vez al mes, capta un descenso lento mucho antes de que se note a simple vista. Ya que estás, no pierdas de vista el apetito, la sed y el arenero: un gato que bebe bastante más, o que deja pelotas más grandes, muchas veces está avisando pronto de un problema renal o de tiroides. Esos tres datos, anotados en casa, están entre la información más útil que puede tener un veterinario.
Artrosis y acicalado

La artrosis es mucho más común en los gatos mayores de lo que la mayoría de los dueños cree: se estima que afecta al 70-90 % de los gatos mayores de 12 años, y los gatos la esconden bien. Rara vez cojean como lo haría un perro. En su lugar las señales son discretas: salta menos, se para y se lo piensa dos veces antes de subirse a la encimera, duerme más, se queda rígido tras la siesta y tiene menos paciencia cuando lo coges en brazos. Es fácil leer todo eso como "cosas de la edad" cuando en realidad es un dolor que tiene tratamiento.
El pelo también lo delata. Un gato rígido no puede girarse y llegar a todas partes para acicalarse bien, así que el pelo se vuelve descuidado y graso, y los gatos de pelo largo como el Persa empiezan a hacer nudos detrás de las patas y a lo largo del lomo. Échale una mano con unos minutos de cepillado suave al día, y coméntale la rigidez a tu veterinario, porque los analgésicos, mantener el peso a raya y una cama calentita marcan una diferencia real en cómo vive un gato con artrosis.
Hacerle la casa más fácil

Pequeños cambios en casa permiten que un gato mayor y rígido siga haciendo lo que quiere sin dolor. Empieza por el arenero: cambia la bandeja de bordes altos por una de borde bajo en la que el gato pueda entrar en vez de tener que trepar, ya que una cadera dolorida es un motivo frecuente de que los gatos mayores empiecen a hacer sus necesidades fuera. Pon un arenero en cada planta, para que nadie tenga que lidiar con las escaleras a las 3 de la madrugada.
Luego devuélvele las alturas que la artrosis le quita. Un juego de escaloncitos o una rampa hasta su alféizar, sofá o cama favoritos mantiene abierto el mundo del gato sin los aterrizajes bruscos. Añade camas mullidas y calentitas en rincones tranquilos y sin corrientes, donde un gato mayor pueda dormir sin que lo molesten y mantenerse caliente, ya que los gatos delgados y con artrosis notan más el frío. Ten la comida y el agua a ras de suelo y a mano, mejor si no están escondidas detrás de un salto o una trepada.
Disfunción cognitiva y rutina
Maullidos nocturnos, confusión, mirar fijamente a las paredes o perderse en una habitación conocida pueden ser disfunción cognitiva felina, la versión gatuna de la demencia. Es habitual: más de uno de cada cuatro gatos de entre 11 y 14 años muestra al menos una señal, y alrededor de la mitad de los gatos mayores de 15. El comportamiento inquieta, pero se puede manejar y no es motivo para tirar la toalla. El veterinario debería descartar primero dolor, enfermedad de la tiroides y tensión alta, que desde fuera pueden parecer lo mismo.
Lo que ayuda es la estabilidad. Mantén los horarios de comida, los muebles y los areneros donde siempre han estado, pon una luz nocturna para un gato que parece desorientado cuando cae la noche, y deja la comida, el agua y las camas calientes a mano, sin que tenga que orientarse. Tu veterinario puede recomendar dietas, suplementos y, en algunos casos, medicación. En todo momento, mantén la rutina tranquila y estable y ofrécele cariño en las condiciones del gato, dejando que un gato mayor, a veces algo despistado, se acerque a ti en lugar de cogerlo en brazos.
Preguntas frecuentes
¿A qué edad se considera senior a un gato?
En general se considera senior a un gato de los 11 a los 14 años, y geriátrico a partir de los 15. Los años de 7 a 10 se suelen llamar de madurez. Un gato senior no está enfermo por defecto, pero es la edad en la que debería empezar el cribado de enfermedades ligadas a la edad.
¿Cada cuánto hay que llevar a un gato mayor al veterinario?
Dos veces al año, más o menos cada seis meses. Los gatos mayores envejecen más rápido que nosotros y en doce meses puede cambiar mucho, así que una revisión semestral con analítica, análisis de orina y medición de tensión detecta pronto enfermedades tratables como la enfermedad renal y el hipertiroidismo.
¿Por qué está adelgazando mi gato mayor?
La pérdida de peso en un gato mayor suele ser una señal médica, no envejecimiento normal, y merece una visita al veterinario. Las causas más comunes son el hipertiroidismo, la enfermedad renal crónica, la diabetes y los problemas dentales, todas tratables y más fáciles de controlar si se pillan pronto.
¿Cómo sé si mi gato viejo tiene artrosis?
Fíjate en si salta menos, duda antes de subirse a sitios altos, se queda rígido tras descansar, duerme más, se irrita cuando lo manipulas y tiene el pelo descuidado y sin acicalar. Los gatos rara vez cojean, así que estos cambios sutiles suelen ser la única pista, y la artrosis afecta a la mayoría de los gatos mayores de 12.
¿Cuáles son los signos de que un gato se está muriendo de viejo?
Entre los signos habituales están una pérdida de peso marcada, menos apetito y sed, esconderse, poca energía, un pelo descuidado, dificultad para moverse y confusión. Envejecer en sí no es una enfermedad, así que estos signos suelen apuntar a una dolencia concreta que el veterinario todavía puede tratar o aliviar.
¿Cuáles son las enfermedades más comunes en gatos senior?
Enfermedad renal crónica, hipertiroidismo, diabetes, enfermedad dental, artrosis y tensión alta. Las tres primeras son las grandes amenazas tratables y el principal motivo de la analítica dos veces al año, ya que los gatos esconden la enfermedad hasta que está avanzada.
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