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Dried golden foxtail grass seed heads backlit in a summer field, barbed arrow-shaped tips in sharp focus

Espigas: la semilla de hierba del verano que se clava en las mascotas

Care guide · 2026-07-20 · 6 min de lectura

Una espiga es una semilla de hierba con púas que solo se mueve en una dirección: hacia delante, hacia el interior de tu mascota. En cuanto la punta en forma de flecha se engancha al pelo, la piel, un oído o un orificio nasal, sus púas microscópicas actúan como anzuelos: dejan que la semilla se hunda cada vez más, pero nunca la dejan salir. Por eso dos minutos de revisión del pelaje después de un paseo de verano valen más que una factura de cirugía, y por eso nunca debes intentar sacarla tú mismo.

Qué es en realidad una espiga y por qué se mueve en un solo sentido

Fotografía macro de una sola espiga que muestra hileras de púas orientadas hacia atrás a lo largo del tallo

Una espiga es la cabezuela seca de hierbas silvestres comunes —la cola de zorra y la cebada silvestre entre ellas— que maduran desde finales de la primavera durante todo el verano. Verdes y blandas en abril, en junio se vuelven rubias, quebradizas y afiladas. Fíjate bien en una y verás todo el problema: hileras de diminutas púas inclinadas hacia atrás a lo largo de un tallo puntiagudo. Esas púas están hechas para plantar la semilla en el suelo, y la empujan más adentro con cada movimiento mientras impiden que resbale hacia atrás. El pelaje de una mascota no es más que un suelo para el que la planta nunca fue pensada. El pelo roza una cabezuela seca, la espiga se engancha, y a partir de ahí cada paso, cada sacudida y cada lametón la hacen avanzar otro punto. No se cae. No se afloja. Si la dejas a su aire, sigue su camino —a través de la piel, dentro del conducto auditivo, nariz arriba— y en los casos graves migra lejos de donde empezó, hasta llegar al tórax e incluso a los pulmones, sembrando infecciones y abscesos por el camino. Es un problema mecánico, no una alergia ni una infección que puedas dejar pasar.

Por dónde entran las espigas: dedos, oídos, ojos, nariz, piel

Las espigas entran por donde el cuerpo de la mascota toca la hierba primero: las patas, los oídos, los ojos, la nariz y las axilas e ingles, de pelo escaso. Entre los dedos es el punto clásico: una semilla se aloja en la membrana interdigital, la mascota se lame de forma obsesiva siempre la misma pata, y en uno o dos días aparece un bulto rojo e hinchado que puede abrirse en una llaga que supura. Después vienen los oídos: una semilla que cae en el conducto provoca un sacudimiento de cabeza frenético y repentino o que se rasque un oído, a menudo justo al volver de un paseo. En el ojo, espera un ojo entrecerrado, lloroso o mantenido cerrado, y que se lleve la pata a la cara. Nariz arriba, la señal es inconfundible y brusca: un perro o un gato que empieza a estornudar con violencia, una y otra vez, minutos después de entrar de la calle. Bajo la piel, en cualquier parte del cuerpo, una espiga puede anunciarse como un bulto duro o una herida que no deja de supurar y no cicatriza. Los gatos cogen espigas menos a menudo que los perros, porque suelen evitar meterse entre la hierba alta, pero los gatos que salen al exterior y los de pelo esponjoso están lejos de ser inmunes.

Las señales de alarma, leídas según el lugar

Vista dividida de un gato entrecerrando un ojo lloroso y un perro sacudiendo la cabeza, para ilustrar los síntomas de una espiga

Asocia el comportamiento al punto y casi siempre sabrás qué vía de entrada revisar. Un oído: sacudidas de cabeza, cabeza ladeada o rascarse un solo lado. Un ojo: entrecerrado, lagrimeo, un párpado que se mantiene cerrado, la cara frotada contra el suelo. La nariz: un ataque repentino de estornudos fuertes y repetidos tras un rato fuera, a veces con algo de sangre. Una pata: lamerse fijamente un solo pie, cojera, una hinchazón entre los dedos que puede reventar y supurar. En cualquier parte bajo el pelaje: un bulto o una pequeña llaga que no deja de supurar. Lo que hace a las espigas verdaderamente peligrosas es que se esconden de las herramientas de siempre: una semilla de hierba es orgánica y no aparece en una radiografía normal, así que el veterinario suele encontrarla por las malas, con una exploración minuciosa o una pequeña intervención bajo sedación. Las razas de pelo largo corren el mayor riesgo, porque su pelaje le da a la semilla más de donde agarrarse. Si compartes tu casa con un Maine Coon o un Persa, el pelo alrededor de las orejas, las patas y la barriga es justo donde a estas semillas les gusta desaparecer.

Qué hacer, y lo único que no debes hacer

Si ves una señal de espiga, revisa el pelaje y llama a tu veterinario: no te pongas a hurgar. Esta es la regla que más importa. Una espiga que ves con claridad enganchada en el pelo de la superficie, antes de que haya roto la piel, puedes sacarla con cuidado con un peine o con los dedos. Pero en cuanto ha entrado en la piel, un conducto auditivo, un ojo o un orificio nasal, hurgar en ella con unas pinzas o un bastoncillo tiende a empujarla más adentro y a partir justo la punta que necesitabas sacar entera. Déjasela a alguien con la luz, el aumento y los instrumentos adecuados. Los veterinarios lidian con esto sin parar todo el verano; la extracción suele ser rápida, y cuanto antes salga la semilla, más pequeña es la intervención. Es la espera lo que convierte una extracción de cinco minutos en tratar un absceso o perseguir una semilla que ya ha empezado a viajar. Si tu mascota está desesperada —estornudos sin parar, un ojo cerrado y llorando, rascarse un oído sin descanso—, trátalo como una urgencia para el mismo día, no como algo de esperar y ver.

Prevención: la revisión tras el paseo y un césped más corto

La mejor defensa contra las espigas es un hábito: revisa a tu mascota de la cabeza a la cola después de cada paseo de verano. Pasa las manos y la mirada por todo el pelaje, separa el pelo entre cada dedo, mira dentro y alrededor de las orejas y palpa las axilas y las ingles: los puntos que las semillas alcanzan primero y donde se esconden más tiempo. En las razas de pelo abundante, recorta el pelo entre las almohadillas y alrededor de la entrada de las orejas antes del pico de la temporada, para que la semilla tenga menos de donde agarrarse. Mantén tu césped corto; una espiga no puede madurar ni desprenderse de una hierba que nunca crece alta y seca. Cuando en pleno verano los campos se vuelven rubios, aleja los paseos de los bordes herbosos secos y descuidados y quédate en los caminos segados o el asfalto. La misma cautela estacional vale para una salida de un día: las excursiones con calor traen su propia lista de comprobaciones, y una revisión rápida del pelaje forma parte de ella, como contamos en llevar un gato a la playa. Nada de esto es complicado. Son dos minutos de atención en la puerta que evitan que una semilla de hierba acabe en cirugía.

Preguntas frecuentes

¿Qué es una espiga (semilla de hierba)?

Una espiga es la cabezuela seca y con forma de flecha de hierbas silvestres como la cola de zorra y la cebada silvestre, que maduran a finales de la primavera y en verano. Está cubierta de púas orientadas hacia atrás, así que una vez que se engancha al pelo o a la piel solo puede avanzar hacia delante, clavándose hacia dentro en lugar de caerse.

¿Cómo sé si mi perro o mi gato tiene una espiga?

Fíjate en una señal ligada a un solo punto: sacudir la cabeza o rascarse un oído, un ojo entrecerrado o lloroso, estornudos violentos y repentinos tras estar fuera, lamerse de forma obsesiva una pata, o un bulto o una herida que supura bajo la piel. Que aparezca cualquiera de ellas poco después de un paseo de verano es motivo para revisar el pelaje y llamar a tu veterinario.

¿Qué se hace si una espiga está en el ojo de un gato?

No intentes sacarla tú mismo: acude al veterinario el mismo día. Una espiga en el ojo provoca que el ojo esté entrecerrado, lloroso y con el párpado cerrado, y hurgar en ella puede empujarla más adentro o dañar el ojo. El veterinario tiene el aumento y los instrumentos para sacarla sin riesgo y tratar la irritación.

¿Puede una espiga llegar hasta los pulmones?

Sí. Como las púas solo la dejan avanzar hacia delante, una espiga puede migrar mucho más allá de donde entró, y en los casos graves una inhalada por la nariz o la boca llega al tórax y los pulmones, y causa infecciones y abscesos. Por eso una espiga sin tratar no es algo que puedas dejar pasar.

¿Cuándo es la temporada de espigas?

La temporada de espigas va de finales de la primavera durante todo el verano, cuando las hierbas silvestres se secan y sus cabezuelas se vuelven rubias, quebradizas y afiladas. El riesgo es mayor en las semanas más calurosas y secas, cuando los campos están descuidados y las semillas se desprenden al más leve roce.

¿Cómo se previenen las espigas?

Revisa el pelaje, las patas (entre los dedos), los oídos y las axilas después de cada paseo de verano, y recorta el pelo de patas y orejas en las razas de pelo abundante. Mantén el césped corto y evita los campos de hierba seca y descuidada en el punto álgido de la temporada.

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