Preparar tu casa y tu jardín a prueba de perros
Prepara tu casa y tu jardín a prueba de perros antes de que llegue el perro, no después, porque el primer día más seguro es aquel en el que nada del suelo, de los arriates o de detrás de los cubos puede hacer daño a un perro nuevo y curioso. Se hace en una tarde: ponte a la altura de los ojos del perro dentro de casa y elimina los peligros, asegura la valla y la cancela fuera y arranca las plantas tóxicas, y luego prepara un espacio que sea suyo desde el principio. Acuerda las normas con la familia antes del primer día, y podrás dedicar esos primeros días a que tu nuevo perro se adapte en lugar de a apartarlo de los líos.
Ponte a su altura

La forma más rápida de encontrar los peligros de dentro de casa es arrodillarte en el suelo y mirar cada habitación desde la altura de la rodilla, porque ahí es más o menos donde está el hocico de un perro. Desde ahí abajo ves los cables de lámparas y cargadores que cuelgan y que un perro aburrido mordisqueará, las monedas, las gomas del pelo, los juguetes de los niños y los calcetines sueltos lo bastante pequeños para tragárselos, y los huecos detrás del sofá o la lavadora donde un perro puede quedarse encajado. Fija los cables con cinta o pásalos por detrás de los muebles, recoge las cosas pequeñas del suelo y cierra los armarios bajos que un hocico puede abrir de un empujón.
Luego ocúpate de lo que de verdad envenena. Guarda los productos de limpieza, las cápsulas de detergente y cualquier medicamento, de personas o de mascotas, en un armario alto o cerrado con llave, porque muchos son peligrosos en cantidades mínimas y un perro decidido encontrará los de abajo. Ponles una tapa o un cierre a los cubos de la cocina y el baño, porque un cubo revuelto es una de las formas más comunes en que un perro se traga algo que no debe. Muchos alimentos de diario también son tóxicos para los perros, así que apréndete la lista en qué alimentos son tóxicos para los perros antes de tener en casa a un rebuscador.
Asegura el jardín

Recorre todo el perímetro del jardín antes de que el perro llegue a casa y arregla cualquier punto por el que pudiera escaparse, porque un perro nuevo y asustado pondrá a prueba cada punto débil el primer día. Mira abajo y busca huecos: una tabla de la valla suelta, un espacio bajo la cancela, un agujero donde ya escarba un zorro, un seto con una abertura del tamaño de un perro en la base. Los perros se cuelan por espacios más pequeños de lo que crees, y muchos escarban por debajo de una valla en vez de saltarla, así que comprueba que la barrera llega al suelo en todo el recorrido. Lo alta y sólida que tenga que ser depende del perro; un terrier pequeño y una raza alta y atlética necesitan vallas muy distintas, y nuestros perfiles de razas dan una idea del tamaño y la energía antes de que elijas.
Ponle a la cancela un muelle o una bisagra de cierre automático y un pestillo que enganche de verdad, para que una visita o un niño no pueda dejarla abierta batiéndose. Después recorre los arriates y quita las plantas venenosas para los perros. Entre las de jardín más comunes están la dedalera, el lirio de los valles, la adelfa, el tejo y los bulbos de narciso, y los cachorros en particular mordisquearán una hoja o desenterrarán un bulbo por pura curiosidad. Si no puedes quitar una planta, valla ese arriate hasta que sepas que tu perro la deja en paz.
Prepárale un espacio propio

Dale al perro un espacio que sea suyo desde el primer día: una cama o un transportín, un sitio para comer, agua siempre a su alcance y un rincón tranquilo donde nadie lo moleste. Pon la cama o el transportín en un sitio tranquilo y algo apartado del trasiego de la casa, no en medio del pasillo ni justo al lado de la puerta de entrada, para que el perro tenga un refugio cuando el día se ponga ruidoso. Si usas un transportín, deja la puerta abierta y hazlo cómodo en vez de un sitio donde se le encierra; debe leerse como una madriguera, no como una jaula.
Coloca los cuencos de comida y agua en un sitio de poco paso, lejos de donde la gente los pisa, y mantén el agua en el suelo y siempre llena. Elige este rincón antes de que llegue el perro y no lo cambies de sitio las primeras semanas, porque una base fija y predecible es justo lo que ayuda a relajarse a un animal nervioso. Un perro cansado y desorientado que sabe dónde está su cama se calmará mucho más rápido que uno que todavía está averiguando dónde se le permite estar.
Acuerda primero las normas de la casa
Acuerda las normas de la casa antes de que llegue el perro, no a mitad de la primera noche con todos dando señales distintas. Siéntate con todos los que viven en casa y resuelve las cuestiones que más lío generan: si el perro puede subirse al sofá o a las camas, qué habitaciones están prohibidas, quién lo alimenta y cuándo, y si se le da algo de la mesa. Anótalo si eso ayuda, porque un perro no puede aprender una norma que cambia según quién esté en la habitación.
La coherencia es lo único que importa. Si una persona sube al perro al sofá y otra lo echa, el perro solo aprende que el sofá a veces se permite y sigue intentándolo, lo que lo confunde a él y te frustra a ti. Usa barreras de seguridad o puertas cerradas para dejar claras desde el principio las zonas prohibidas, en lugar de corregir al perro después. Es mucho más fácil relajar una norma más adelante que dar marcha atrás una vez que el perro ha decidido que la cama es suya.
Luego tómate los primeros días con calma
Una vez que la casa y el jardín son seguros, tómate los primeros días con calma y mantén todo acotado en lugar de dar un tour completo por toda la casa. Un perro que acaba de dejar una protectora o su camada ha perdido en una tarde todos los olores y las caras conocidas, así que deja que se adapte a una o dos habitaciones contigo cerca en vez de dejarlo vagar por la casa conociendo a todos de golpe. Deja para más adelante las visitas, el parque para perros y los viajes largos, e incluso en tu jardín recién asegurado, mantén al principio al perro nuevo con correa mientras aprende los límites.
Adaptarse lleva más tiempo del que la mayoría espera, y es normal. Vale la pena leer el ritmo aproximado de la descompresión antes de empezar, en la regla del 3-3-3 para un perro recién adoptado, y si en lugar de un adulto traes a casa un cachorro, traer un cachorro a casa repasa esas primeras horas. Un comienzo tranquilo y acotado le gana siempre a uno emocionante; la casa segura y tranquila que has preparado es lo que deja que el perro haga el resto a su propio ritmo.
Preguntas frecuentes
¿Cómo preparo mi casa para un perro nuevo?
Ponte a la altura de los ojos del perro y despeja cada habitación antes de que llegue: fija con cinta o esconde los cables que cuelgan, recoge los objetos pequeños que podría tragarse y guarda los productos de limpieza y los medicamentos en un armario alto o cerrado con llave. Ponles tapa a los cubos, bloquea los huecos detrás de los electrodomésticos y prepara la cama y el sitio de comer del perro en un rincón tranquilo. Acuerda las normas de la casa con todos, para que el perro reciba las mismas señales desde el primer día.
¿Cómo hago mi jardín a prueba de perros?
Recorre todo el perímetro y arregla cualquier hueco por el que el perro pudiera colarse, escarbar por debajo o saltar, comprobando que la valla llega al suelo en todo el recorrido. Ponle a la cancela una bisagra de cierre automático y un pestillo que enganche, y quita o valla las plantas tóxicas para los perros. Al principio, mantén al perro nuevo con correa en el jardín hasta que haya aprendido los límites.
¿Qué necesito antes de adoptar un perro?
Lo básico es una cama o un transportín, comederos y bebederos, un collar con una chapa identificativa, una correa y un par de juguetes para morder, además del mismo pienso que usaba la protectora o el criador. Más allá de la lista de la compra, necesitas una casa a prueba de perros y un jardín seguro, un espacio tranquilo que sea suyo y unas normas de casa que todos acepten. Reserva también una primera revisión con el veterinario para los primeros días.
¿Qué plantas son venenosas para los perros?
Entre las plantas de jardín comunes venenosas para los perros están la dedalera, el lirio de los valles, la adelfa, el tejo, la azalea y los bulbos de narciso. Los efectos van desde un malestar de estómago hasta problemas graves de corazón o de riñón, y los cachorros son los que más riesgo corren porque mordisquean y escarban por curiosidad. Quita o valla todo aquello de lo que no estés seguro, y llama al veterinario si crees que tu perro ha comido una planta tóxica.
¿Debería comprar un transportín para un perro nuevo?
Un transportín no es imprescindible, pero ayuda a muchos perros a adaptarse al darles una madriguera segura para ellos solos. Bien usado, con la puerta abierta y una cama cómoda dentro, es un refugio y no una jaula, y también ayuda a enseñar a hacer sus necesidades a un cachorro. Si prefieres no usar transportín, una cama tranquila en un rincón de poco paso hace el mismo trabajo de darle al perro un espacio que sea claramente suyo.
¿Cómo hago que mi jardín sea seguro para un perro?
Revisa toda la línea de la valla en busca de huecos, agujeros y tablas sueltas, y asegúrate de que la barrera llega al suelo para que el perro no pueda escarbar por debajo. Añade una cancela de cierre automático con pestillo, retira las plantas tóxicas y cualquier producto de jardín o veneno para babosas, y quita los restos afilados. Vigila al perro nuevo cuando esté fuera y mantenlo con correa hasta que tengas la seguridad de que el jardín lo retiene.
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