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La vejez no es un diagnóstico

La frase más cara en el cuidado de un animal mayor es es que ya tiene una edad. Perros y gatos están hechos para esconder el dolor, así que el deterioro casi nunca se anuncia. Se ve en un perro que deja de salir a recibirte a la puerta, en un gato que ya no salta a la cama y empieza a dormir en el suelo, en un animal que se pone arisco cuando lo manipulas. El dueño lee todo eso como que va más despacio. El veterinario lee artrosis, dolor dental o riñones que fallan, y casi todo eso tiene tratamiento.

El cambio práctico es pasar de una revisión al año a dos, con analítica, porque la enfermedad renal y la tiroidea en particular no dan la cara hasta que se ha perdido mucha función. Pesa al animal con regularidad: en un gato viejo, perder peso poco a poco es un síntoma, no una dieta que funciona. Y adapta la casa antes de que le cueste: una rampa al sofá, un arenero con un lado bajo, la comida y el agua en la planta en la que ya vive. La comodidad comprada pronto vale más que las heroicidades compradas tarde.

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