BreedQuestHistoriasPerrosComportamiento¿Por qué mi perro come caca? Lo que dice la ciencia y cómo quitarle la costumbre
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Beagle on a lead in a park with its nose buried in the grass, sniffing intently, the owner's taut lead at the edge of frame

¿Por qué mi perro come caca? Lo que dice la ciencia y cómo quitarle la costumbre

Comportamiento · · 6 min de lectura

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Escrito por el equipo editorial de BreedQuestRevisado médicamente por Venkat Kolli, MSc, Veterinary Sciences ·
Importante: Esta guía es información general, no consejo veterinario, y no puede diagnosticar a tu mascota. Cada animal es distinto — si estás preocupado, o tu mascota empeora, llama a tu veterinario. En una urgencia, contacta de inmediato con tu veterinario o la clínica de urgencias más cercana.

Pocas costumbres caninas generan tanta desesperación por episodio como comerse una caca, y pocas se entienden tan mal. La coprofagia es común, rara vez es señal de enfermedad o de un nutriente que falta, y el mejor estudio que tenemos sugiere que ni siquiera es anormal: parece un instinto heredado haciendo su antiguo trabajo en el siglo equivocado. Aquí tienes lo que dice de verdad la investigación, los casos en los que sí es una señal médica y el plan que funciona bastante mejor que gritar desde la otra punta del parque.

Cuántos perros lo hacen: más de los que nadie admite

Los mejores datos vienen del grupo de Benjamin Hart en la Universidad de California en Davis, que encuestó a miles de dueños de perros para un estudio de 2018: alrededor de uno de cada seis perros comía heces con frecuencia, y casi uno de cada cuatro había sido pillado al menos una vez. La costumbre pesaba más en los perros descritos como tragones y en las casas con varios perros, y —el detalle que importará más adelante— preferían con diferencia las heces frescas, de no más de un par de días. Lo que el estudio no encontró es igual de útil: ninguna relación significativa con la dieta, la edad del destete ni la facilidad con que el perro aprendió a hacer sus necesidades fuera, lo que jubila sin hacer ruido la explicación favorita de internet, esa de que a un perro que come caca le tiene que faltar algo en el comedero. A la mayoría no le falta nada. Son perros, sin más.

Cuándo sí es una señal médica

Las excepciones merecen respeto. Un perro que empieza a comer heces de un día para otro —sobre todo si lo acompaña un hambre voraz, pérdida de peso o cacas crónicamente blandas y grasientas— tiene que pasar por el veterinario, porque ese conjunto apunta a un problema de malabsorción: cuadros como la insuficiencia pancreática exocrina, en los que la comida sale a medio digerir y las heces todavía huelen a comida. Los parásitos, la diabetes y las enfermedades de tiroides pueden disparar el apetito de la misma manera, y un perro que de verdad come poco rebusca lo que sea. La calidad de las heces da pistas en los dos sentidos, así que conviene saber qué aspecto tiene lo normal —nuestra guía sobre la diarrea en perros cubre ese extremo— y, si el problema pudieran ser las raciones, compáralas con cuánta comida darle a un perro. La regla práctica: costumbre de toda la vida en un perro sano, respira y gestiónala; costumbre nueva más cualquier cambio físico, pide cita con el veterinario.

¿Por qué lo hacen los perros sanos?

El equipo de Hart propuso una explicación lo bastante elegante como para replantear toda la costumbre: la higiene de la madriguera. Los lobos defecan lejos de la guarida, pero los accidentes cerca de ella se comen, y enseguida, mientras las heces están frescas, porque los huevos de los parásitos intestinales tardan unos dos días en convertirse en larvas infecciosas. Comérselo pronto es limpieza; dejarlo ahí es el riesgo sanitario. Eso encaja casi a la perfección con la preferencia por las heces frescas que muestran los datos, y convierte la costumbre moderna en un instinto de limpieza disparándose fuera de lugar, no en una perversión. Súmale los motivos corrientes: las madres limpian lo de sus camadas como rutina, los cachorros investigan el mundo con la boca por delante, los perros descienden de generaciones de carroñeros de aldea que puntuaban casi cualquier cosa como posible comida. Y añade la economía de la atención, porque un perro que ha aprendido que agarrar una caca convierte a su dueño en una máquina de entretenimiento que chilla y persigue ha encontrado el mejor juego del parque. Por eso el plan de abajo empieza contigo volviéndote aburrido.

Lo que de verdad lo frena

La gestión gana a la fuerza de voluntad. Recoge tu propio jardín en cuanto lo use, lleva al perro con correa en las zonas llenas de cacas y, para el gourmet comprometido, pasea después de las comidas, cuando la motivación está bajo mínimos. Después entrena las dos conductas que resuelven el problema a distancia: un «déjalo» a prueba de bombas, pagado con generosidad, y una llamada lo bastante sólida como para interrumpir un hallazgo; el método de nuestra guía sobre el adiestramiento de la llamada se traslada tal cual, porque un perro que se aparta de una caca a cambio de pollo asado ha hecho un trato justo. No castigues: la bronca a posteriori le suena a ruido aleatorio, y el drama en pleno acto o se convierte en el juego de antes o le enseña a tragar más rápido y más lejos. En cuanto a la industria de los aditivos —los polvos, la piña, el folclore del calabacín—, la encuesta de Hart preguntó exactamente por eso, y las tasas de éxito declaradas iban de cero a un dos por ciento. Nada de lo que espolvorees en el comedero arregla esto de forma fiable; la correa, la bolsita y una boca educada, sí.

Caca de gato, prados con caballos y otros menús

Cada tipo de caca tiene sus matices. La caca de gato es el extra más habitual, por una razón poco halagadora: la comida para gatos es más rica en proteína y grasa que la de perro, y la bandeja de arena queda como un cajón de snacks a la altura del hocico. Bloquea el acceso —una barrera para bebés que el gato pueda cruzar, una bandeja colocada donde el perro no llegue— en vez de intentar adiestrar contra una tentación permanente, y ten en cuenta que la arena aglomerante tragada puede causar una obstrucción, lo que sube el asalto a la bandeja de asqueroso a algo que conviene impedir en serio. Las cacas de herbívoro —conejo, oveja, caballo— suelen ser reciclaje de proteína sin más riesgo, con una excepción afilada: el ganado desparasitado hace poco con fármacos como la ivermectina elimina residuos en las boñigas, y esos residuos son de verdad peligrosos para algunos perros, en particular las razas tipo collie que llevan la mutación MDR1. Si paseas por zonas de pasto, ahí el «déjalo» también se gana el sueldo. Y los cachorros que se comen todo, caca incluida, están haciendo sobre todo su investigación normal con la boca por delante, que se les pasa con la edad; las etapas y los plazos están en el primer año del cachorro. Gestiónalo con calma y no montes el juego de la atención.

Preguntas frecuentes

¿Por qué mi perro come caca?

Normalmente porque es un perro: la mejor investigación, de la Universidad de California en Davis, encontró que alrededor de uno de cada seis perros come heces con frecuencia, sin relación con la dieta ni la nutrición, y propuso que es un instinto heredado de limpieza de la madriguera: los lobos se comen las cacas frescas cerca de la guarida antes de que los huevos de los parásitos se vuelvan infecciosos. Añade la herencia carroñera, la curiosidad del cachorro y el premio gordo de atención que es la reacción del dueño, y no hace falta ninguna carencia.

¿Cómo consigo que mi perro deje de comer caca?

Primero gestiona: recoge el jardín al momento, usa la correa donde abunden las cacas y pasea después de las comidas. Después entrena un «déjalo» bien pagado y una llamada capaz de interrumpir un hallazgo. No castigues —o se convierte en un juego de persecución o le enseña a tragar más deprisa— y olvídate de los aditivos en la comida, que en la investigación puntuaron casi cero.

¿Es peligroso que mi perro coma caca?

Las heces de su propia especie suelen ser de bajo riesgo más allá de los parásitos, que la desparasitación rutinaria cubre. Los peligros reales están en otra parte: la arena de gato aglomerante tragada puede obstruir, y las boñigas de ganado desparasitado hace poco pueden llevar fármacos como la ivermectina, peligrosos sobre todo para las razas tipo collie. Una costumbre nueva más hambre voraz o pérdida de peso es cosa del veterinario.

¿Funciona la piña para que un perro no coma caca?

No hay pruebas de que funcione. La encuesta de la Universidad de California en Davis preguntó a los dueños por los disuasorios de sabor y los aditivos —la familia de la piña y el calabacín incluida— y las tasas de éxito declaradas quedaron entre cero y un dos por ciento aproximadamente. Lo que de verdad cambia las cosas es la gestión, un «déjalo» entrenado y una buena llamada.

¿Por qué mi perro come caca de gato?

Porque la comida para gatos es más rica en proteína y grasa que la de perro, así que lo que sale del gato sigue contando como comida para un perro, y la bandeja queda a la altura perfecta del hocico. La solución es el acceso, no el adiestramiento: pon una barrera para que solo llegue el gato, y tómatelo en serio, porque la arena aglomerante tragada puede causar una obstrucción.

¿Qué le falta a mi perro si come caca?

Lo más probable es que nada. El mayor estudio sobre coprofagia no encontró ninguna conexión con la dieta ni con carencias nutricionales en los casos típicos: la costumbre va con el instinto y la oportunidad, no con un déficit. La excepción que sí pide actuar: si empieza de repente a comer heces con un hambre enorme, pérdida de peso o cacas grasientas, eso sugiere un problema de malabsorción y hay que ir al veterinario.

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