La procesionaria del pino: una urgencia veterinaria para tu perro
La procesionaria ni muerde ni pica. Hiere al perro con miles de pelos urticantes en forma de arpón y, una vez que están dentro de la boca, lo único que cuenta es el reloj. En un estudio con 109 perros afectados, el 45% de aquellos cuya boca se lavó por primera vez más de seis horas después del contacto llegó con la lengua muriéndose, frente al 5% de los que se lavaron antes. Casi todos salieron adelante; más de un tercio de los que se siguieron a largo plazo perdió para siempre una parte de la lengua. Esto es lo que hace la oruga, lo que tienes que hacer tú en los primeros minutos y cómo evitar las pocas semanas del año en las que está a la altura del hocico.
Ni muerde ni pica
El daño lo hacen los pelos, no los dientes. Una larva madura de procesionaria del pino lleva hasta un millón de pelos urticantes desprendibles agrupados en unas almohadillas del dorso, a razón de unos 60.000 por milímetro cuadrado. Cada uno mide unas 200 micras, por separado es invisible y termina en forma de arpón. Se clavan en la piel o en la mucosa de la boca por simple roce y, al penetrar, liberan taumatopeína, una proteína que hace que los mastocitos suelten toda su histamina de golpe.
De ese mecanismo salen dos consecuencias, y las dos importan. La reacción es irritante y tóxica, no una alergia clásica, así que un perro que no ha visto una oruga en su vida puede salir muy malparado en el primer contacto: no hace falta una exposición previa que lo sensibilice. Y tampoco hace falta que la toque. Las larvas lanzan los pelos al aire en cuanto se las molesta, el viento los transporta y la colonia deja otra tanda dentro del nido en cada muda. Un perro puede acabar herido por un bolsón que nadie vio y por una oruga que se marchó hace semanas.
Las primeras seis horas lo deciden todo

El dato más útil sobre este tema viene de un hospital de referencia francés que revisó 109 perros a lo largo de dieciséis años. Entre los perros cuya boca se lavó por primera vez más de seis horas después del contacto, el 45% llegó con la lengua necrosada, frente al 5% de los lavados dentro de esas seis horas. La diferencia estaba en el tiempo, no en la cantidad de pelos. El 86% tenía alguna lesión en la lengua, desde inflamación hasta tejido muerto.
El orden, en caliente, es este. Aparta al perro de la zona. Ponte guantes antes de tocarlo, porque los pelos también se te clavan a ti. Lava con mucha agua tibia, a chorro suave, entre diez y quince minutos, sujetando la cabeza para que el agua salga por la boca y no se la trague, y deja que arrastre los pelos en vez de moverlos de sitio. Retira los pelos del pelaje con un rodillo quitapelusas o cinta adhesiva antes de bañarlo. Y al veterinario. El lavado es lo que haces de camino, nunca en lugar de ir.
La lista de lo que no hay que hacer es igual de firme. No frotes, no restriegues, no pases un paño, que es el error que comete casi todo el mundo: frotar rompe más pelos, los hunde más y libera más toxina. Nada de manos desnudas ni de sacar pelos con los dedos. Los ojos se lavan con agua a chorro, no se limpian a toquecitos. Olvida el consejo, muy repetido, de usar agua caliente para destruir la toxina: no lo respalda nada y significa echar agua caliente en una boca ya lesionada. Y no eches mano del botiquín de casa: el paracetamol es tóxico para el perro, y un antihistamínico no sustituye al viaje a la clínica.
Qué vas a ver, desde el primer minuto

Los signos aparecen en cuestión de minutos, y por eso esperar a ver si se le pasa es justo el instinto equivocado. Lo primero que se nota es un perro angustiado de golpe: se lleva las patas a la boca, se restriega la cara por el suelo, sacude la cabeza y empieza a babear a chorros. Después se hinchan la lengua y los labios, tragar cuesta, se inflaman los ganglios de debajo de la mandíbula y la lengua puede quedarse fuera porque ya no le cabe. El color va marcando el daño: primero rojo, luego duro y blanco, y morado casi negro en la punta, donde el tejido se está muriendo. Cerca de la mitad de los perros vomita.
Los ojos son el otro objetivo, y el que todo el mundo olvida. En una serie española de 140 perros con afectación ocular, casi todos tenían queratitis con infiltrados blancos en la córnea y casi cuatro de cada cinco, uveítis. La parte buena de ese hallazgo: una vez retirados los pelos y tratado el ojo, 139 de los 140 se recuperaron en quince a treinta días. La vista corre peligro de verdad, y casi siempre se salva.
El riesgo real no tiene la forma que le da internet. En el estudio de los 109 perros sobrevivió el 97% y los ingresos fueron cortos. La dificultad para respirar por la inflamación de la garganta apareció en el 5% de los perros, y ese caso poco frecuente es el que mata. Lo que deja huella es el tejido: el 37% de los perros seguidos a largo plazo perdió de forma permanente una parte de la lengua, algo que sus veterinarios anotaron como de poco efecto en la calidad de vida posterior. Rara vez mortal, a menudo mutilante, y casi todo se decide por lo rápido que se lavó la boca.
Al gato también le afecta, pero es más prudente
Los gatos se cruzan con las mismas orugas y sufren las mismas lesiones, pero llegan a la clínica muchas menos veces. En los registros de un hospital, la intoxicación por oruga supuso el 0,13% de los casos felinos. Cuando llegan, el cuadro es el conocido: en una serie de 11 gatos, 10 tenían lesiones en la lengua y 10 babeaban mucho, el único signo general fue el vómito, los 11 sobrevivieron, ninguno pasó más de 48 horas ingresado y ninguno de los que se siguieron quedó con secuelas.
El motivo es de comportamiento, no de biología. Un gato investiga un bicho raro que se mueve con la pata y una mirada larga; un perro lo investiga con el hocico y la boca. Toda la diferencia está ahí. También significa que un gato llega más veces con las almohadillas y la cara irritadas que con la lengua destrozada, y que los pelos que se quita del manto lamiéndose pueden acabar en la boca dando un rodeo. Once gatos son poca evidencia, así que coge la tranquilidad con pinzas: hacerse daño pocas veces no es lo mismo que estar a salvo.
Prevención: dos calendarios y un nido

La procesionaria del pino es un problema de finales de invierno y principios de primavera en toda la Europa mediterránea. Las orugas pasan el invierno en bolsones de seda en lo alto de los pinos y bajan por el tronco en esas hileras en fila india que les dan nombre, más o menos de febrero a abril, para enterrarse y crisalidar. Ese descenso es el momento en el que están a la altura del hocico. La procesionaria del roble da la cara a finales de primavera y en verano, más al norte, por Reino Unido, Países Bajos, Bélgica y Alemania, con los pelos ya peligrosos desde finales de mayo. Ninguna de las dos se queda quieta: el límite norte de la procesionaria del pino ha avanzado decenas de kilómetros en una generación y ha subido un par de cientos de metros por las laderas italianas.
En temporada, pasea con correa por pinares y robledales en vez de fiarte de la llamada, y aprende a reconocer un nido. Pino: un bolsón blanco de seda en la cara soleada de la copa. Roble: una placa densa de seda blanca pegada al tronco o a una rama gruesa, nunca en las hojas. No toques, no mojes con la manguera, no quemes ni tires nunca un nido por tu cuenta, porque moverlo lanza al aire una nube de pelos. Retirarlo es tarea del ayuntamiento o de una empresa de control de plagas autorizada, y en muchos municipios se pide que avises de los nidos que veas.
Y ahora la parte que todo el mundo se salta. Los bolsones vacíos y el suelo desnudo siguen siendo peligrosos. Los pelos se acumulan en el nido con cada muda y siguen siendo urticantes durante años, y también se acumulan en la hojarasca bajo un árbol infestado, que es la razón por la que aparecen casos en otoño sin una sola oruga a la vista. Revísalo después de cada paseo en temporada, el mismo repaso que le harías buscando garrapatas o espigas: morro, boca si se deja, patas, ojos y pelaje. Un perro que va con la nariz por delante, un Beagle o un Braco italiano rastreando entre la pinocha, es justo el perro para el que está escrito esto.
Preguntas frecuentes
¿Qué hago si mi perro ha tocado una procesionaria?
Apártalo de la zona, ponte guantes y lava la boca y la piel afectada con mucha agua tibia a chorro suave durante diez o quince minutos, sin frotar, y ve directo al veterinario. Lavar pronto es lo único que cambia el desenlace, pero es lo que haces de camino a la clínica, no en lugar de ir.
¿Qué síntomas tiene un perro que ha tocado una procesionaria?
Babeo repentino y abundante, patadas o restregones en la boca, lengua y labios hinchados, dificultad para tragar y una lengua que cambia de color, del rojo al blanco y al morado casi negro donde el tejido se muere. Cerca de la mitad de los perros vomita. Los ojos pueden ponerse dolorosos y turbios, y la inflamación de la garganta puede dificultar la respiración, que es una urgencia.
¿Cuánto tardan en aparecer los síntomas?
Minutos. El dolor, el babeo y la hinchazón empiezan casi al instante, y el vómito y el empeoramiento de las lesiones de la boca llegan en las horas siguientes. Como el retraso es lo que mejor predice que la lengua acabe necrosada, no hay ninguna versión de esto en la que esperar en casa a ver qué pasa sea buena idea.
¿Y si mi perro se ha tragado una procesionaria?
Trátalo como una urgencia y ve al veterinario ya. Que se la trague significa que hay pelos clavados por la lengua, la boca y la garganta, donde la inflamación puede afectar a la respiración. Enjuágale la boca con agua tibia de camino, sujetando la cabeza para que el agua salga en vez de tragarla, y no intentes provocarle el vómito.
¿Los bolsones viejos o vacíos siguen siendo peligrosos?
Sí. Las orugas sueltan pelos dentro del nido en cada muda, así que un bolsón abandonado puede guardar cantidades enormes y sigue siendo urticante durante años. Los pelos también se acumulan en la hojarasca bajo el árbol infestado. No manipules ni tires nunca un nido, esté vivo o abandonado, y no dejes que el perro husmee el suelo que hay debajo.
¿La procesionaria también es peligrosa para los gatos?
Sí, aunque se hacen daño muchas menos veces porque investigan con la pata y no con la boca. En los casos publicados, los gatos mostraron la misma lengua hinchada y el mismo babeo que los perros, pero todos se recuperaron y ninguno quedó con secuelas. Un gato con la boca, la cara o una pata dolorida de repente después de salir en temporada necesita veterinario ese mismo día.
Más en Perros

Leer la lista de ingredientes: carne, harina y subproducto
«Carne» primero no es la victoria que parece, y «subproducto» no es el villano. Cómo leer una lista de ingredientes como quien la redacta.

Human grade frente a feed grade: la comida para mascotas descifrada
«Human grade» es uno de los pocos términos de la comida para mascotas con un sentido legal — y uno de los más estirados. Esto es lo que exige de verdad, y si vale la pena pagarlo.

Las palabras de calidad en la comida para mascotas, descifradas: qué promete de verdad la etiqueta
Human grade, holístico, natural, premium, proteína única. Mucho es marketing, algo es ley. Esto es lo que garantiza de verdad cada palabra — y la única declaración que importa.