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A yellow Labrador sitting on a wooden floor in a bright living room, looking up at a person kneeling beside it who holds a small treat

10 cosas que todo perro debería saber

Adiestramiento · · 8 min de lectura

Diez órdenes cubren casi todo lo que un perro necesita para convivir con nosotros: su nombre, sienta, tumbado, quieto, ven, deja, suelta, a tu sitio, correa floja y esperar en la puerta. Ninguna lleva mucho tiempo. Cinco minutos al día, una orden cada vez, rinden más que una hora el domingo, y todas se enseñan pagando la conducta que quieres en lugar de corregir la que no. Dos de ellas — deja y esperar en la puerta — son las que evitan una urgencia veterinaria o un atropello. Si solo vas a enseñar dos, enseña esas.

Empieza por el nombre, no por una orden

El nombre de un perro no es una orden, y tratarlo como tal es el error más común al principio. Es la pregunta que va antes de cualquier otra señal: significa mírame, va a pasar algo. Si el nombre se ha usado sobre todo para interrumpir — gritado en el parque, dicho seco cuando está en el sofá — deja de significar atención y pasa a significar problemas, y el perro aprende a no escucharlo.

Enséñalo de la forma más aburrida posible. Di el nombre una vez, en tono normal, cuando esté cerca y no esté haciendo nada interesante. En el instante en que te mire, marca el momento con una palabra corta como «sí» y paga. Veinte repeticiones así a lo largo de unos días y el nombre se convierte en un reflejo en lugar de un aviso. Si tu perro ya ignora su nombre tienes dos caminos: reconstruirlo con calma usando el mismo ejercicio, o elegir una segunda palabra de atención y proteger bien esa.

Sienta, tumbado y quieto

Estas tres son una misma familia, y en este orden salen más fáciles. El sienta nace de un señuelo: sujeta un premio a la altura del morro y súbelo despacio hacia atrás por encima de la cabeza. El morro lo sigue y el trasero baja solo. Nunca empujes el trasero de tu perro hacia abajo: no le enseña nada y duele en un perro mayor o con caderas delicadas. El tumbado sale del sienta: lleva el señuelo recto al suelo entre las patas delanteras, despacio, y espera. El tumbado es bastante más difícil que el sienta para la mayoría, porque es una postura vulnerable, así que cuenta con más tiempo y no corras.

Quieto es cuestión de duración, y eso lo hace distinto de los otros dos. Se construye, no se pone a prueba. Empieza en un segundo, paga, libera. Luego dos segundos. Luego tres. En cuanto te descubras preguntándote cuánto aguantará, has pasado de construir a probar, y romperá — justo la repetición que no querías ensayar. Primero duración, luego distancia, luego distracciones, y solo una de las tres cada vez.

Añade la palabra únicamente cuando el cuerpo ya conoce el movimiento. Si dices «sienta» mientras todavía está averiguando qué quieres, la palabra se pega a la confusión y no a la conducta.

Ven, y las dos órdenes que evitan al veterinario

Una mano ofrece pequeños premios blandos sobre la palma abierta a un labrador que coge uno con suavidad

Detrás del ven hay una sola regla: siempre tiene que merecer la carrera. No llames nunca a tu perro para hacerle algo que detesta, y no le riñas cuando por fin llega: desde su punto de vista acabas de castigar el venir, no el haberse ido. Nuestra guía completa de la llamada explica cómo construir una de la que fiarte sin correa.

Deja significa no toques eso, y es la orden que con más facilidad le salva la vida a un perro, a coste cero. Cubre el hueso de pollo de la acera, el ibuprofeno caído, el chocolate bajo el árbol. Enséñala con un premio en el puño cerrado: el perro huele, lame, escarba, y en cuanto se retira aunque sea un poco, marcas y pagas con la otra mano. La lección es que dejarlo en paz produce algo mejor, siempre. Paga esta orden con generosidad y sigue pagándola toda la vida, porque el día que la necesites tendrá que ganarle al criterio del propio perro.

Suelta es la orden gemela, para cuando la cosa ya está en la boca. Se cambia, no se arrebata. Una mano que agarra le enseña a tragar deprisa o a defender lo que tiene, y los dos problemas son mucho más difíciles de resolver que el original. Ofrécele algo claramente mejor, deja que escupa lo primero y paga. Si tu perro ya se pone rígido o gruñe con los objetos, para y busca a un veterinario especializado en comportamiento en lugar de ensayar un enfrentamiento.

A tu sitio, correa floja y esperar en la puerta

Un labrador camina tranquilo junto a una persona con la correa formando una jota bien floja

El sitio es un lugar para desconectar — normalmente una cama o una manta — y es un refugio, nunca un castigo. Un perro al que mandan a su cama con enfado aprende que la cama anuncia problemas. Constrúyelo al revés: dale ahí las comidas, déjale caer premios mientras ya está tumbado, y haz de la manta el punto más aburrido y seguro de la casa. Para muchos perros que no paran quietos, esto es lo más útil de toda la lista, porque enseña un interruptor de apagado en vez de otra tarea más.

Caminar con la correa floja cabe en una frase: te paras cuando la correa se tensa y avanzas cuando se afloja. Ahí está toda la lección, y resulta más pesada que difícil. Los primeros paseos cubrirán unos cuarenta metros. Un perro tira porque tirar siempre le ha funcionado, así que lo único que cambia las cuentas es que deje de funcionar de forma fiable.

Esperar en la puerta son dos segundos de paciencia que pueden evitar que un perro acabe en la calzada. Abre la puerta de casa una rendija; si se lanza, ciérrala, sin reñirle. Vuelve a abrir. La puerta que se abre pasa a ser la señal de parar en vez de la señal de salir disparado. Hazlo también en el maletero y en la cancela del jardín, porque son los otros dos sitios por los que un perro puede plantarse delante de un coche.

Cómo encajar esto de verdad en una semana

Un labrador descansa relajado en una cama redonda de un salón luminoso, con el morro sobre las patas

Cinco minutos al día rinden más que una hora el domingo, y parar mientras tu perro todavía quiere más es lo que le mantiene con ganas al día siguiente. Las sesiones cortas encajan con la forma en que los perros consolidan lo aprendido, y un perro cansado y frustrado en el minuto cuarenta está ensayando el fallo.

Trabaja una orden cada vez en lugar de ir rotando las diez. Un ritmo razonable son unos días por orden en una habitación tranquila, después la misma orden en el pasillo, en el jardín y por último en un sitio con más gente y más perros. Los perros no generalizan como damos por hecho: uno con un sienta perfecto en la cocina todavía no sabe qué significa esa palabra en el parque, y eso no es cabezonería.

Paga con algo que valga la pena. El pienso funciona en casa y pierde de calle contra una ardilla, así que guarda el pollo o el queso para las situaciones difíciles. Y si una sesión se tuerce, ciérrala con algo que sepa hacer seguro y para ahí. La siguiente saldrá mejor por eso.

Cuándo parar y pedir ayuda

El adiestramiento en positivo cubre las diez órdenes de arriba, pero no es la respuesta a todo, y hay cosas que piden un profesional en lugar de otra semana de práctica. Gruñir, lanzar un bocado o quedarse rígido con la comida, un juguete o un sitio del sofá es protección de recursos, y repetirlo en casa suele empeorarlo: eso es cosa de un veterinario especializado en comportamiento, no de un vídeo. Lo mismo vale para el miedo real a personas o a otros perros, y para una ansiedad por separación tan fuerte que el perro se haga daño o no pueda quedarse solo.

Un perro que de pronto no puede hacer algo que antes le salía fácil es, primero, una cuestión médica. Uno que deja de sentarse, o que se sienta torcido y se ladea sobre una cadera, puede estar diciéndote que le duelen las caderas, las rodillas o la espalda. Una irritabilidad repentina, un perro que deja de responder a su nombre o que parece haber olvidado lo aprendido pueden apuntar a dolor, pérdida de audición o, en un perro mayor, deterioro cognitivo. Descarta el cuerpo antes de volver a entrenar la conducta.

Desconfía de quien te venda dominancia, liderazgo de manada o el alpha roll. La idea viene de una lectura del comportamiento de los lobos desmentida hace tiempo, y la posición actual de las sociedades veterinarias de comportamiento es que los métodos aversivos aumentan el riesgo de miedo y agresividad en lugar de reducirlo.

Preguntas frecuentes

¿Cuáles son las órdenes básicas que todo perro debería conocer?

La lista básica habitual es el nombre del perro, sienta, tumbado, quieto, ven, deja, suelta, a tu sitio, caminar con la correa floja y esperar en la puerta. Esas diez cubren casi todo lo que necesita para vivir bien en casa y estar seguro fuera, y deja y esperar en la puerta son las dos que más veces evitan una urgencia.

¿En qué orden se le enseñan las órdenes a un perro?

Empieza por el nombre, porque todas las demás dependen de conseguir primero su atención. Después el sienta, que es la victoria más fácil, luego el tumbado y el quieto, y por último el ven. Deja, suelta, a tu sitio, correa floja y esperar en la puerta se pueden trabajar en paralelo, en el orden que encaje con los problemas reales de tu perro.

¿Cuánto se tarda en enseñarle lo básico a un perro?

La mayoría pilla una orden en una habitación tranquila en unos días de sesiones cortas, pero usarla de forma fiable en la calle lleva semanas. Los perros no generalizan solos: uno con un sienta perfecto en la cocina tiene que aprender la misma orden otra vez en el jardín, en la acera y en el parque.

¿Cuántos minutos al día hay que dedicar al adiestramiento?

Cinco minutos al día bastan para lo básico, y varias sesiones cortas rinden más que una larga. Parar mientras tu perro aún quiere más es lo que le deja con ganas para la próxima vez, mientras que uno frustrado en el minuto cuarenta ensaya el fallo en lugar de aprender.

¿Es tarde para educar a un perro adulto?

No. Los perros adultos y mayores aprenden igual que los cachorros, y a menudo se concentran mejor. La única diferencia es que uno que de pronto no puede hacer algo que antes le salía fácil debería pasar primero por el veterinario, porque el dolor, la sordera o el deterioro cognitivo se parecen mucho a la desobediencia.

¿Hay que usar premios para educar a un perro?

Sí, la comida es el refuerzo más sencillo y eficaz para enseñar una conducta nueva, y se va retirando poco a poco cuando la orden ya está sólida. Usa premios pequeños y blandos para poder dar varios seguidos, y guarda algo realmente bueno como pollo o queso para la calle, donde el pienso pierde contra cualquier distracción.

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